El insomnio infantil es hasta cuatro veces más frecuente en niños con autismo.

La gran comorbilidad entre los trastornos del sueño y los trastornos del neurodesarrollo, ha especificado que en niños con TEA la prevalencia de trastornos del sueño aumenta de forma notable.

Los niños con trastorno del espectro Autista (TEA) son hasta cuatro veces más propensos a tener problemas para conciliar el sueño que el resto de la población infantil, según ha manifestado la doctora del Servicio de psiquiatría del Niño y del Adolescente del hospital Universitario Gregorio Marañón, Mara Parellada, durante su intervención en el marco del ‘CNS Exeltis Day’, celebrado de forma virtual.

Tras destacar la gran comorbilidad entre los trastornos del sueño y los trastornos del neurodesarrollo, ha especificado que en niños con TEA la prevalencia de trastornos del sueño aumenta de forma notable, así como que la probabilidad de que los problemas de insomnio desaparezcan sin ningún tipo de intervención a lo largo de su vida adulta es mayor en niños neurotípicos.

En este sentido, ha reivindicado la necesidad de “dar más importancia a esta problemática en las consultas del médico, prestando más atención a los aspectos relativos al sueño, ya que en ocasiones pasa desapercibida y no se identifica como un trastorno”.

Asimismo, la doctora ha asegurado que el insomnio y la consecuente somnolencia diurna en los niños con autismo tiene una influencia muy negativa en su conducta y aprendizaje, así como en su bienestar. Además, la familia acaba percibiendo una peor calidad de vida de forma progresiva, debido a los elementos del comportamiento del niño durante el día, como la agresividad o la ansiedad asociados a un mal descanso.

La doctora Parellada ha explicado que no existe un factor común entre los niños autistas que sea el causante de todos los problemas para conciliar el sueño, sino que existen “múltiples motivos dependiendo de cada caso”, que van desde alteraciones genéticas, hasta determinadas rutinas, hipersensibilidades sensoriales (como la luz, el ruido o ciertas texturas), estereotipias, ansiedad, hiperactividad, falta de regulación emocional, medicamentos o la epilepsia.

Como solución, la doctora Mara Parellada ha propuesto una evaluación completa de los hábitos del sueño, que incluya las horas de acostarse y levantarse, las siestas, los despertares nocturnos y el resto de los comportamientos asociados, para lo que deberá contar con la ayuda de la familia.

Por otro lado, a su juicio, los médicos especializados “deberán tener en cuenta las causas biológicas, la higiene del sueño, las rutinas y el resto de las causas ambientales o familiares, para observar si son modificables o no”, afirma esta especialista.

Tras un correcto registro del sueño, la doctora Parellada recomienda la elaboración de una encuesta de todas las circunstancias acompañantes para, finalmente, recomendar un tratamiento adecuado. En última instancia, si dicha intervención no funcionara, se precisaría de tratamiento farmacológico.

Finalmente, la doctora Parellada ha concluido lanzando un mensaje de preocupación por este problema, enfatizando en que se deben evitar las simplificaciones cuando se trata de niños con trastorno de espectro autista e insomnio. Por ello, ha incidido en la necesidad de difundir la importancia de la evaluación del sueño en estos casos, así como la importancia de la mejora de la sintomatología relacionada con el sueño, por el bien de los menores y de sus familias

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